La efímera presencia del capital minero en las comunidades locales Víctor Guerrero Cossio* La progresiva modernización que ha sufrido el espacio rural de la provincia de Iquique ha transformado radicalmente sus relaciones internas y externas. Desde la década del 80 se ha sumado a dicha dinámica la presencia del capital minero transnacional, que por su carácter ha significado un impulso inicial importante, pero efímero e involutivo a nivel de las comunidades locales. Palabras claves: Economía - Compañías Mineras - Comunidades locales. The progressive modernization undergone by the rural communities of Iquique has radically transformed their internal and external relationships. Since the 80’s, the presence of transnational mining capital has meant an important initial impulse, but ephemeral and receding at the level of local communities. Key words: Economy - Minning Companies - Local communities. Introducción El Norte Grande de Chile está conformado por dos regiones, Tarapacá y Antofagasta, quienes comparten condiciones históricas, ambientales y sociales, tales como su anexión al país después de la guerra del Pacífico, su condición desértica y el poblamiento intensivo en alguno de sus tres pisos ecológicos. La historia de la región de Tarapacá está marcada por el régimen productivo dominante, que ha determinado su configuración social en términos estructurales y de sus procesos, a la vez que dotado de los rasgos esenciales de su sociabilidad. De su condición agrocéntrica prehispana y minera en el período colonial, ha pasado a un carácter mas diverso en la actualidad, produciendo una sociedad que no ha estado exenta de conflictos e influencias que combinan aspectos de su tradición con los estilos modernos de la vida social. En la década del 60 expiró el régimen monoproductor salitrero, que había sido durante mas de un siglo el principal productor de la economía y la sociedad tarapaqueña, rasgos que se manifestaron en un tipo de sociabilidad reconocida como la vida pampina. Desde la década del 60 hasta el 80 se desarrolló en la región la producción pesquera, impulsada por estímulos del Estado y que se consolidó por la importante demanda mundial de aceites y harinas de pescado. La producción regional durante dos décadas se concentró en la actividad pesquera, en términos de su economía y de sus rasgos sociales, particularmente expresados en sus relaciones sociales y políticas. La burguesía pesquera regional concentró el poder sobre el escenario regional, como también los estilos de vida acordes a los trabajadores pesqueros. Desde el 80 hasta la actualidad ha sido la relación capital-trabajo asociada a los sectores servicios y minería los mas influyentes en el acontecer regional, determinando en mayor medida las reglas de la sociedad actual. El territorio y particularmente su sistema de asentamientos humanos se ha transformado de acuerdo a los nuevos requerimientos, expresándose en la cantidad y origen de su población, funciones y relaciones sociales, flujo de capitales y desarrollo local, acceso a nuevas tecnologías de comunicación y transporte, que en su conjunto condicionan y adecúan a las actuales circunstancias la producción del espacio social regional. El presente trabajo analiza las principales características de este complejo de producción social, pero en este caso lo restringe a los temas relacionados con la minería, que claramente recupera en versión transnacional su rol de principal agente económico regional, aunque en el marco de una economía de mayor diversidad y condicionado por las modernas tecnologías. Estas reconfiguran sus relaciones sociales tanto internas como externas, es decir en cuanto a los trabajadores mineros y a su vinculación con las comunidades rurales adyacentes. Son esta últimas, representadas por las localidades de Huatacondo y Pintados, las que se analizan en el presente trabajo, dada su condición agrícola original y su relación actual con dos compañías mineras transnacionales, como son Quebrada Blanca y Collahuasi. A través de la evolución reciente de dichas comunidades se pueden advertir sus rasgos principales, derivados de su relación con el capital minero. Las nuevas relaciones en el medio rural de Tarapacá La región de Tarapacá, comprende tres provincias, Arica, Parinacota e Iquique, caracterizándose por tener una de las mas altas proporciones de población urbana en Chile, la que asciende a 94 % y por concentrar en sus dos principales ciudades, que son costeras, al 90 % de la población total. En este marco se inscribe la transfomación actual del sistema de asentamientos rurales de la provincia de Iquique, que a su vez presenta una notable transformación en su producción de espacio social. El sistema de asentamientos humanos es uno de los productos derivados de las relaciones establecidas entre los hombres, en las esferas económica, política y cultural, dando lugar a un modelo preciso de apropiación del espacio y de funcionamiento de éste. Evidentemente en su seno tenderán a reproducirse los énfasis económicos y políticos, sus desigualdades, los que serán internalizados y sometidos a especiales características en las regiones donde se diere lugar el proceso de constitución o cambios de dicho espacio social. La organización productiva, los cambios institucionales y los fenómenos migratorios determinarán los principales impulsos para la cristalización de los cambios, mediados por los rasgos culturales en intercambio. Al respecto, Carlos de Mattos sostiene que: “La situación actual de los asentamientos humanos está marcada por agudos desequilibrios, cuyo origen se encuentra en los procesos de crecimiento desigual que se han desarrollado en toda latinoamérica, caracterizándose por dos grandes grupos de fenómenos interrelacionados: disparidades territoriales, que afectan al conjunto de los asentamientos, y concentración territorial de las actividades productivas y de la población” (De Mattos; 1989, 70). En la provincia de Iquique, la última década ha significado la valorización de importantes recursos naturales, cambiando notablemente la estructura productiva dominante, redefiniendo el uso principal de los recursos, donde no ha estado ajena la importancia del poder que tienen los actores comprometidos en la lucha por los recursos: entre los mas importantes se encuentra el sujeto minero, que recupera su trascendencia dentro de la ruralidad nortina y cuyos asentamientos residenciales y productivos -donde los campamentos de trabajadores mineros son ambas cosas- marcan en buena parte el giro del cambio social predominante. La incidencia del capital minero, como se ha dicho, trasciende los límites del trabajo minero y afecta también la producción social y económica de las comunidades tradicionales en cuyo espacio geográfico se inserta. Así, tanto la economía local como la estructura y procesos sociales se ajusta a la presencia del capital, de acuerdo a su carácter y conforme a su dinámica En las provincias de Arica y Parinacota, hasta hace unos pocos años integradas en una sola, la incidencia de la actividad minera ha sido menor, históricamente por carecer de relevantes riquezas salitreras y en el pasado reciente por explotaciones no metálicas - azufre- y metálicas de escasa monta. Sólo en la última década se presentó en la provincia de Parinacota una inversión minera importante, como es el caso de la explotación argentífera de Choquelimpie. A la vez, en los últimos dos años se han iniciado estudios para potenciales producciones cupríferas en el altiplano de Parinacota, los que han estado limitados por su localización en áreas protegidas. Esta breve historia de la actividad minera en la región de Tarapacá indica una diferencia apreciable de la incidencia en la producción del espacio social, la que podría variar sustancialmente si los capitales transnacionales interesados en invertir en el altiplano de Parinacota alcanzan sus objetivos de alterar las actuales disposiciones en las áreas protegidas. Es importante considerar que los breves años en que estuvo operando la compañía minera Choquelimpie influyó de manera importante en el espacio social de Parinacota, lo que puede tener diversas lecturas, algunas engañosas. En este caso, atendiendo a dos aspectos, la población y el beneficio económico local de dicha inversión, se puede tener una aproximación al tipo de relación establecida entre la economía local y el capital minero. En cuanto al primero se tradujo en una recuperación de niveles perdidos en las décadas anteriores por efectos de la migración hacia la ciudad, pero fue un crecimiento exógeno y no recuperó lo perdido y efímera en tanto involucionó junto al colapso del proyecto productivo. En cuanto al segundo los beneficios privados y públicos se materializaron fuera de los intereses locales. Dentro de este proceso, la centralidad del trabajo como enfoque analítico y como elemento empírico, proporciona una interesante base del análisis, pues tanto sus transformaciones como su naturaleza, serán decisivos para la constitución definitiva del sistema y el funcionamiento de los asentamientos humanos. En este enfoque, en tanto los nuevos proyectos mineros se fundan en la modernización tecnológica, que trasciende la mayoría de los recursos existentes en los espacios locales, particularmente servicios y fuerza de trabajo, es importante considerar el bajo nivel de empleo y difusión de beneficios económicos para las comunidades existentes en las inmediaciones. A este respecto Lionel Stoleru señala que: “Una oleada de progresos tecnológicos hace inútiles toda una serie de trabajos y suprime masivamente empleos sin, por otra parte, crear otros tantos....” (Gorz; 1991: 12) Así, el impacto producido corresponde a la naturaleza del sistema productivo y social, que en la minería tiene relación con la modernización de la producción, mientras que en la población aymara marca el final de su estrategia productiva y acelera su migración a la ciudad. El fenómeno migracional es de larga data, pero en la actualidad se acelera, aunque implica a la vez la ocupación del territorio por otros agentes sociales, principalmente mineros y estatales. Al inicio de las operaciones mineras, especialmente en la fase de instalaciones se difunden beneficios en las comunidades locales, especialmente empleo y servicios, pero ellas tienen un carácter efímero, virtual, que a largo plazo impacta negativamente a las comunidades tradicionales. Esto es observable en las localidades de Pintados y Huatacondo, adyacentes a las compañías mineras de Quebrada Blanca y Collahuasi, donde inicialmente aumentaron los ingresos y consiguientemente el consumo, determinando una alteración de la tendencia poblacional regresiva. Sin embargo, censos recientes indican una involución de esas tendencias y una aceleración de los procesos migratorios originales Impacto del capital minero en las comunidades de Huatacondo y Pintados La presencia del capital minero en su versión transnacional se ha impuesto en la última década, iniciando un proceso de cambios en el espacio social rural inmediato a las operaciones mineras, entre las que se encuentran las comunidades de Huatacondo y Pintados. Estudios recientes muestran que la tendencia al despoblamiento, revertido entre 1991 y 1998 por los impactos socioeconómicos favorables de las actividades mineras, es un proceso en involución y que el crecimiento alcanzado por los influjos mineros ha tenido una corta duración. Estos se reflejan básicamente en fenómenos de población, migración y estructura de sexo y edad. 1. Quebrada de Huatacondo Este asentamiento humano tradicional abarca diversas localidades, pero en la actualidad sólo en el pueblo del mismo nombre reside población de manera permanente. Los restantes lugares son solamente sectores de cultivo donde mantienen predios agrícolas los residentes de los sitios poblados. a.- Población Durante las últimas décadas, la evolución de la curva poblacional de la Quebrada de Guatacondo mostraba una clara tendencia de descenso. Sin embargo, en 1991 se verificó un repunte poblacional, pero se ha revertido de acuerdo a observaciones registradas en censos de 1997 y 1998. Si bien es cierto existen variaciones entre alzas y descensos entre un año y otro, el saldo o tendencia predominante es a la baja, lo que se demuestra en lo sucedido entre 1995 y 1998, donde el saldo negativo es finalmente de 3,85 %. Puede señalarse que entre 1991 y 1998 la población de la Quebrada ha experimentado una disminución de 4,16 %. Los hechos parecen indicar que mientras las empresas constructoras de las instalaciones de Quebrada Blanca estuvieron trabajando en el área, se dinamizó el comportamiento poblacional de la localidad de Guatacondo, pero en cuanto se retiraron su impacto se anuló totalmente. El factor de dinamismo, producido a partir de 1991 por las actividades de la construcción de instalaciones en Compañía Minera Quebrada Blanca, se trasladó a las actividades derivadas del montajes de Minera Doña Inés de Collahuasi, pero gradualmente se ha producido el mismo fenómeno de anulación de los beneficios. CUADRO Nº 1 Distribución de la Población por Sexo y Localidades,años 1991, 1995, 1997, 1998
El único poblador que se había censado en Copaquire durante el año 1997 trasladó su residencia permanente a Huatacondo. El prolongado período de sequía que ha experimentado el área causó una disminución de la disponibilidad de pasto y, con ello la partida de los grupos familiares. Entre 1991 y 1995 esta área fue habitada temporalmente por trabajadores de empresas que participan en montajes e instalaciones de las compañías mineras Quebrada Blanca y posteriormente, hasta la actualidad, Collahuasi, que han compensado temporalmente la emigración desde esta localidad. En Huatacondo la actividad agrícola continúa en crisis, determinando que el incremento poblacional esté ligado a la oferta laboral de las empresas mineras del área. Esto ha generado la instalación de nuevas familias o la retención de individuos jóvenes, que habrían migrado a no mediar estas oportunidades laborales. Sin embargo, la incidencia del empleo minero sobre la localidad es cada vez menor. b.- Estructura de Sexo y Edad Desde 1960 en la Quebrada de Huatacondo ha existido una mayor cantidad de hombres, siguiendo un patrón típico de las localidades rurales de la región. Esto, que había tendido a disminuir en los últimos años, ha vuelto a tasas normales. Así, en la actualidad el índice de masculinidad del área es de 135,9, esto es, mas alto que en el año 1997, a nivel rural tanto en - la comuna como en la región.
CUADRO Nº 2 Evolución de la Edad Promedio de los Residentes
La información de 1998 señala una relativa situación de envejecimiento de la población, pasando de un promedio de 29,2 a 33,2 años, que indicaría una progresiva cercanía a los registros iniciales, confirmándose esta tendencia con la situación del segundo semestre de 1998 donde se alcanza un promedio de 37,7 años. Posiblemente esto también se encuentre relacionado con los pasajeros efectos de la actividad minera, que mostró durante unos pocos años un desplazamiento o retención en la localidad de población joven, lo que en la actualidad se muestra muy involucionado, registrándose una emigración de población al desaparecer los estímulos socioeconómicos anteriores. c.- Migración Entre 1991 y 1995 se produjo un cambio en los desplazamientos por actividades relacionadas con la minería. La pirquinería disminuyó notoriamente su importancia, bajando su incidencia de un 41,7% a un 7,7% entre esos años. A su vez el empleo en las empresas mineras ha aumentado visiblemente, pasando de un 50,0% a un 84,6% durante el mismo período. Comparado con 1997, se puede señalar que la pirquinería ha desaparecido y el empleo en la minería ha descendido fuertemente, manteniéndose esta tendencia en las observaciones realizadas en 1998. Es un hecho que la oferta de empleo de las empresas mineras Doña Inés de Collahuasi y, principalmente, Quebrada Blanca impactó fuertemente en el período 1991-1995 en el área de monitoreo. De todas maneras, ello es válido sólo en la localidad de Guatacondo, para individuos de sexo masculino y ubicados en edades laboralmente convenientes. Este tipo de empleo, si bien ofrece mejores niveles de ingresos y mayor estabilidad, parece no estar disponible para cualquier persona del lugar, sino sólo para aquellas ubicadas en tramos de edad jóvenes y con mejores niveles educacionales. 2. Colonia Agrícola Pintados Se trata de un sector de colonización agrícola ubicado en pleno desierto. Antiguamente en este sitio funcionó una estación agrícola experimental de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), que después fue vendida a una sociedad de particulares. Posteriormente la ex-Corporación de Reforma Agraria expropió los terrenos para entregarlos a un grupo de 27 trabajadores bajo la forma de un asentamiento de reforma agraria, que se denominó “ Tierras de Jehová”. Luego, en 1976 el asentamiento fue parcelado, entregándose tierra a 14 unidades familiares, con un promedio de 5 hás. cada una. Al comienzo de la década de los noventa el proyecto de Pintados se presentaba como una experiencia de colonización agrícola del desierto destinada al fracaso. En 1991, sólo existían 8 grupos familiares en el lugar, con una población aproximada de 15 personas. Sin embargo, a partir de Agosto de 1992 se comenzó a vender agua a empresas camineras (IMCO) y mineras (El Alba). Por la misma fecha se agregó la empresa SETGEX, encargada de la construcción del camino que une la carretera Panamericana con el yacimiento de Quebrada Blanca, la que además, instaló su campamento en la localidad y arrendó seis casas a personas del lugar. Estas externalidades provocaron un repunte de la agricultura en esta localidad y un mejoramiento de las condiciones generales de vida de sus habitantes. En marzo de 1993, la situación agrícola había cambiado para la localidad. En ese momento se encontraban en producción ocho de las catorce parcelas originales y existían 11 grupos familiares con un total de 39 personas. Debido al abaratamiento de los costos de producción, empezaron a llegar personas de otros lugares del sector rural, las que se instalaron como medieros o arrendatarios. Así, las observaciones realizadas desde 1997 permiten constatar que la población ha logrado encontrar una funcionalidad, especialmente a partir de la venta de agua, para las actividades dinámicas -mineras- desarrolladas en el área. Asimismo, sus cultivos -frutales y chacarería- han tenido aceptación en las localidades de Pica, Pozo Almonte e Iquique. En lo últimos años se ha repotenciado la emigración a esta localidad de población proveniente de valles y altiplano, a causa de la sequía, el influjo moderno y también por las mejores condiciones de riego. a.- Población A partir de 1982 se observa una fuerte caída poblacional, hasta llegar a 1992, momento en que se verifica un nuevo repunte hasta llegar a 1997. Si se comparan las cifras censales de 1992 con las actuales, se observa que la población de esta localidad ha experimentado un aumento del orden del 71 %. Como se mencionó, este reciente y explosivo incremento, si bien se traduce en un repunte de la agricultura del lugar, está ligado a la externalidad de poder vender agua a empresas camineras y mineras del sector. Los ingresos percibidos por estas ventas han permitido un abaratamiento de los costos de producción agrícola, lo que ha generado la retención de población y la instalación de nuevas familias que han llegado al lugar en calidad de arrendatarias o medieras. b.- Estructura por Sexo y Edad Por las características de su poblamiento, Colonia Pintados siempre ha presentado una mayor cantidad de hombres. No obstante, entre 1992 y 1994 se detecta una baja en el índice de masculinidad de esta localidad. En la actualidad este índice es de 104,3, notablemente más bajo que en 1994 y que a nivel rural tanto en la comuna como en la región. Esta tendencia a cierta equiparidad poblacional entre los sexos se explica por la retención e instalación de familias completas, cuyo componente femenino no se ve impelido a migrar por la situación económica del grupo familiar. En 1998 la tendencia a invertirse del índice de masculinidad se confirma, puesto que en este censo el índice es de 92,8, constituyendo las razones de la menor emigración femenina la causa principal.
CUADRO Nº3 Evolución del Indice de Masculinidad
Fuentes: Censos de población 1960, 1970, 1982 y 1992. Trabajo Terreno para 1994 y 1997 En 1998 la edad promedio de los actuales residentes de Colonia Pintados es de 23,1 años (26,75 para los hombres y 19,30 para las mujeres). Entre 1982 y 1991, se notaba un claro envejecimiento y disminución de la población. En los últimos años se había revertido esta tendencia, pues existía un descenso en la edad promedio de los residentes del área, producto de la retención de población menor y la llegada de nuevos grupos familiares. El mejoramiento de los indicadores demográficos se relacionaba con la revitalización de las actividades agrícolas del lugar, propiciadas por un abaratamiento de los costos de producción por la venta de agua a terceros. La Compañía Minera Quebrada Blanca estuvo ligada a esta situación por intermedio de la empresa SETGEX, que tuvo a su cargo la construcción del camino que une, a partir de este lugar, la carretera Panamericana con su yacimiento. Parece ser que los estímulos mencionados han comenzado a desaparecer conjuntamente con el término de las actividades en el sector relacionadas con Quebrada Blanca, habiendo terminado la etapa de construcción y específicamente la habilitación de caminos de ésta. En los últimos años no ha cesado la actividad de empresas subcontratistas, en este caso relacionadas con la empresa Doña Inés de Collahuasi, como es el caso de Soc. Méndez Junior, la que ha provocado efectos dinamizadores como lo fueron anteriormente las empresas que prestaron servicios a Quebrada Blanca. Como aquellas, su impacto ha sido de poca duración y las expectativas producidas no se cumplieron.
CUADRO Nº 4 Evolución de la Edad Promedio de los Residentes
c.- Migración En 1998 los desplazamientos en los hogares del área presentan un descenso notable, habiendo prácticamente desaparecido su ocurrencia. Existe una media de 0,16 migrantes temporales anuales (desagregada en 0,37 hombres y nulo en mujeres). Respecto de 1995, este promedio ha disminuido (llegaba a 1,7 migrantes anuales por hogar) y esta reducción es atribuible a una disminución del conjunto de las migraciones masculinas (en ese año el promedio se descomponía en 0,8 hombres y 0,9 mujeres). El desplazamiento migratorio, que se realizaba preferentemente por motivos de estudio ha desaparecido debido a que en los últimos años se ha reanudado en Pintados la atención escolar a la enseñanza básica, manteniéndose sólo un caso que se traslada a Iquique para terminar estudios de enseñanza media; por razones de trabajo no existen casos; y por acompañamiento a una persona mayor, que ascendía a 3,8 %, se da el otro caso. Se puede decir que en cada una de esas categorías se da un promedio del 50 % de los desplazamientos temporales, pero en términos absolutos la ocurrencia es irrelevante. Trabajo minero y población local El trabajo minero, propio de la modernidad laboral en la región, en relación a la actividad agrícola tradicional realizada en la región, ha tenido vínculos con la población local, los que han sido diferentes de acuerdo a las distintas inserciones y carácter del capital minero. En el norte chileno se pueden señalar tres momentos que marcan épocas en la producción minera, rasgos determinados por los sistemas productivos y sus principios organizacionales, que condicionan los lazos que se establecen con la población local. a) El ciclo salitrero, vigente hasta mediados del XX, se caracterizó porque el carácter dominante de su mano de obra se inscribe dentro de la institución de atracción de población denominada “enganches”, tanto de obreros provenientes del centro y sur de Chile, como de países fronterizos, especialmente Perú y Bolivia, pero también de Argentina. Capítulo aparte fue la integración de mano de obra indígena chilena, cuyos resultados fueron notables en la estrategia productiva agrícola tradicional. “Muchos indígenas de las quebradas trabajaban por temporadas en las salitreras; otros volvían a su lugar de origen pasados algunos años, y otros se asimilaban en forma definitiva al proletariado salitrero” (Van Kessel 1992: 90). Los campamentos cumplían la necesidad de ordenamiento territorial, a fin de concentrar trabajadores en las inmediaciones de los principales yacimientos, cuyas condiciones de máximas privaciones y distanciamiento de la comunidad nacional fue un factor de importancia en la constitución de la sicología de estos trabajadores, cristalizando en relaciones sociales propicias a la solidaridad, a la ayuda mutua, a una mentalidad sacrificial. Estos rasgos fueron de vital importancia para dar lugar al movimiento obrero salitrero. En su relación con la población originaria, como ya se ha señalado, la actividad salitrera fue determinante para el quiebre de la estrategia productiva agrícola, cambiando sus cultivos y proletarizando a su principal fuerza de trabajo, haciéndolos funcionales a la minería. Sin embargo, en el caso residencial, por las características del campamento les permitió acceder a ellos con sus familias y estableciendo una especie de continuidad con su anterior ethos residencial. Allí aprendieron a convivir con otras poblaciones, aunque también conocieron los primeros actos de prejuicio étnico. b) La minería metálica y no metálica basada en capitales nacionales, vigente entre 1960 y 1980, se caracterizó fundamentalmente por la existencia de tres elementos centrales: • Incorporación tecnológica, que a iguales o superiores magnitudes de producción implica menores contingentes de fuerza de trabajo. • Localización mas integrada al ordenamiento residencial nacional, haciendo usufructo de los servicios que el sistema nación proporciona. • Menor dependencia social de la empresa, menos integración endogrupal, relación con trabajadores extraminería, integración a la red social estatal. Los resultados de la nueva situación, que mejoraron la relación de dependencia extrema existente en el período anterior, hicieron desaparecer los rasgos que habían facilitado la cristalización de conductas solidarias, serviciales, heroicas, determinadas por las penurias colectivas del pasado. La participación de población indígena es relativamente importante en la faena minera, especialmente en la del cobre, encontrándose especialmente en las tareas de manejo de explosivos, aparentemente por su vinculación anterior a la pequeña minería y participación en las tareas preliminares de habilitación del mineral, donde se desempeñaron desde las tareas menos calificadas. A nivel residencial, en el campamento minero del cobre, de la única empresa de la década 70-80, pudieron acceder a sus instalaciones con sus familias, cuando no instalándose en el pueblo aledaño, Pozo Almonte. Lo importante es que las condiciones estructurales y funcionales del campamento no les impidieron acceder a sus dependencias. c) La minería metálica transnacional, emergente a partir de la década del 90 con la puesta en ejecución de tres grandes proyectos cupríferos de gran minería; Cerro Colorado, Quebrada Blanca y Doña Inés de Collahuasi. Sus características, junto al hecho de constituir un mayor peso en el Producto Geográfico Bruto de la región, incidiendo de manera mas determinante en la economía regional, no constituyó un aumento notable de Fuerza de Trabajo por Unidad productiva, dadas sus características intensivas en capital. Así, las tres unidades productivas no sobrepasan un promedio de 500 trabajadores cada una, pero su producción es significativamente mayor que las del período pasado. En cuanto a la participación de la población local, a diferencia de los casos anteriores la organización del trabajo y la estructura residencial de los campamentos de trabajadores no facilitan la incorporación de las familias, al menos en dependencias de la empresa, pues la localización de éstas no propicia la vida familiar, sino que está organizado sólo para los trabajadores. El punto de conflicto principal es que el ethos laboral indígena incorpora estructuralmente al individuo y su familia, mientras que la estrategia moderna “desfamiliza” a los obreros. Conclusiones En las décadas 80-90 la producción social del medio rural está marcada por transformaciones importantes, que involucran un cambio notable en la composición de la población, actividades y relaciones sociales. En esto ocupa un lugar de primerísima importancia la presencia y carácter del capital minero y la modernización de la sociedad chilena. Los cambios son de tal envergadura, que comprometen profunda y definitivamente las comunidades tradicionales, aumentando la emigración y amenazando definitivamente la residencia definitiva y estable en ellos, observándose una tendencia a que la permanencia en los asentamientos sea temporal e inestable. Un punto de vista teórico interesante para entender estos procesos altamente dinámicos en la construcción de la realidad social, es el que propone el profesor Hugo Romero Bedregal. Este señala que: “Los modos de representación del mundo contienen elementos que provienen de una matriz hispana y otra indígena, que pasa a constituir una sola a través de un complejo proceso de construcción de la realidad. La realidad social construida tiene un concepto general, pero en manifestaciones concretas tiende a representar en distintos grados su sintonía con una de las dos matrices, estableciendo una suerte de concepto particular con el que los individuos responden a sus problemas y satisfacen sus necesidades” (Romero; 1990:128). Sin embargo, actualmente las comunidades tradicionales ha perdido de manera importante la presencia del componente indígena, tanto en términos étnicos como culturales. Los últimos registros censales muestran la sostenida tendencia al despoblamiento de las zonas altas, el reemplazo de la población originaria y la aparición de otros fenómenos demográficos que ponen en cuestión sus posibilidades de desarrollo futuro. Esto deriva tanto del quiebre de la estructura productiva tradicional como de procesos ideológicos, determinando un cambio definitivo en la composición poblacional y en sus proyectos sociales colectivos. En este sentido, la minería incide directa y definitivamente en la transformación del sistema de asentamientos humanos tradicional, puesto que necesariamente debe relacionarse con ellos. En cuanto al espacio social aymara este tiene directa relación con la expoliación de sus recursos naturales de que están siendo objetos, principalmente por la minería, lo que incide en la pérdida definitiva de su estrategia productiva ancestral y limita completamente su relación con el mercado. Esto tiene como consecuencia final una disminución de su población, el quiebre de su patrón de asentamientos y la transformación profunda de sus relaciones sociales. André Gorz, en una de sus mas recientes publicaciones, a propósito de este tipo de fenómenos, señala lo siguiente: “Por comunidad la sociología designa, por lo general, un agrupamiento o colectivo cuyos miembros están ligados por la solidaridad vivida, concreta en tanto que personas concretas. Su comunidad tiene un fundamento factual: descansa sobre algo que reconoce que cada uno tiene en común con todos los otros miembros” (Gorz; 1998:127) Como ya se ha señalado, en su relación con la minería, la difusión de los beneficios se produce en los inicios de las actividades de instalación y montaje, donde la precariedad de los servicios propios los lleva a utilizar los recursos tradicionales existentes en las comunidades aledañas, especialmente en cuanto a empleo y servicios, pero esta participación es efímera y además en el largo plazo altera negativamente los procesos de emigración sostenida, acelerándolos. Quizás uno de los fenómenos mas cruciales que surgen de estas profundas transformaciones es la pérdida de autosustentabilidad por parte de las comunidades tradicionales, tanto en la producción como en la reproducción social, tanto en la satisfacción de necesidades económicas como en la construcción de redes sociales que permitan la autosuficiencia. Se trata, como diría Gorz, de una pérdida del sentido de comunidad, en tanto relaciones sociales basadas en una sociabilidad densa e íntima. Bibliografía De Mattos, Carlos. Los Asentamientos humanos en América Latina. EURE Nº 46; Santiago, 1989. Gorz, André. La Metamorfosis del Trabajo. Ed. Ariel; España, 1991. --- Miserias del presente, riqueza de lo posible. Ed. Paidós; Buenos Aires, 1998. Romero, Hugo. Planeamiento Andino. Hisbol; Bolivia, 1994. Van Kessel, Juan. Holocausto al Progreso: los aymaras de Tarapacá. Hisbol; Bolivia, 1992. PROGESA. Informes anuales de monitoreo ambiental en localidades de Huatacondo y Colonia Pintado; 1998 Notas * Sociólogo. Universidad Arturo Prat. Correo electrónico: victor.guerrero@unap.cl.. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||