Idea Vilariño: Imagen social y política en la poesía uruguaya
Judy Berry-Bravo*
En la poesía de Idea Vilariño (Uruguay, 1920) se encuentra una posición política e ideológica en contra de las injusticias, abusos y todo ese quehacer que apabulla a los pueblos de América Latina. Su obra explora la desesperación y la esperanza frente al mundo. Por un lado, se trata de reflexiones íntimas sobre la existencia humana. Por otro, de comentarios sobre una amplia gama de sucesos políticos. Como los límites de esos mundos inevitablemente se rozan, lo que resulta es un relato vivencial del siglo XX. Su poesía confirma que el camino obligado y lo único decente por hacer es levantarnos contra las fuerzas que están destruyendo el mundo y, con él, a toda la humanidad.
Palabras claves: Política, América Latina, Historia.
In Idea Vilariño’s (Montevideo, 1920) poetry one finds a political and ideological stance against injustices, abuses, and all that holds back the peoples of Latin America. Her work explores desperation and hope as one faces the world. On the one hand, it includes intimate reflections on human existence. On the other, there are commentaries on a wide range of political events. As the limits of those worlds inevitably touch one another, what results is a story of life in the Twentieth Century. Her poetry confirms that the only path and the only decent thing to do is to rise up against the forces that are destroying the world, and with it, all of humanity.
Key Words: Politics-Latin America, History.
Se ha dicho que la poesía sólo sirve para cantar a la naturaleza, al amor, y así sucesivamente. Pero como toda ficción se afirma en la realidad, ésta es la que mueve a la voz poética de Idea Vilariño (Montevideo, 1920) cuando suceden cosas a su alrededor que conmocionan la vida de la República Oriental del Uruguay y más allá de sus fronteras. De otra manera no se puede entender la visión de mundo que la escritora despliega en su obra. Muchos críticos han prestado atención al sentimiento de amor frustrado, a su posición negativa frente la vida u otras características que han hallado en su obra. En mi relación con Idea desde 1987, en que por primera vez viajé al Uruguay con mi marido y disfrutamos largas noches de amena conversación, como eternos diálogos hasta las 3 o 4 de la mañana, he encontrado en Idea esa posición política e ideológica que los preocupados por nuestra América como decía Martí está plagada de injusticias, abusos y todo ese quehacer que apabulla a los pueblos de América Latina y el Tercer Mundo. El presente estudio trata ese lado de su obra, desconocido por la mayoría de los sud y latinoamericanos.
La poesía de Idea explora la desesperación y la esperanza frente al mundo. Por un lado, se trata de reflexiones íntimas sobre la existencia humana. Por otro, de comentarios sobre una amplia gama de sucesos políticos. Como los límites de esos mundos inevitablemente se rozan, lo que resulta es un relato vivencial del siglo XX. La negación alcanza nuevas alturas cuando la conciencia de ser se tambalea ante lo perecedero de todo lo cotidiano. Se expande desde una visión personal de la vida a una perspectiva global.
En los versos de “Pobre mundo”, publicado por primera vez en un libro del mismo título en 1966, la voz lírica medita sobre la tecnología moderna y su potencial capacidad de aniquilar a la humanidad y destruir el planeta Tierra:
Lo van a deshacer
va a volar en pedazos
al fin reventará como una pompa
o estallará glorioso
como una santabárbara
o más sencillamente
será borrado como
si una esponja mojada
borrara su lugar en el espacio.
Tal vez no lo consigan
tal vez van a limpiarlo.
Se le caerá la vida como una cabellera
y quedará rodando
como una esfera pura
estéril y mortal
o menos bellamente
andará por los cielos
pudriéndose despacio
como una llaga entera
como un muerto (Vilariño, 1997: 197).
Si se ignorara el título, de primordial importancia, el pronombre “lo” de la primera línea resultaría difícil de descifrar.
Estos pensamientos no son nuevos en la autora. Ya en 1947, con la publicación de Cielo cielo, Vilariño expresaba el peligro potencial de los experimentos con bombas atómicas. En el poema que daba título a la colección, el yo lírico describe el momento de la destrucción, diciendo, “el cielo se hace el blanco cielo cielo/ y vuelcan todos rastros de memoria/ hongos quedándose en el aire atentos/ y en tanto nadie nadie nadie nadie/ dice esta noche nos toca a todos” (Vilariño, 1997: 57). En el caso de “Pobre mundo”, la voz poética predice que no identificados “ellos”, (‘ellos’ lo van a deshacer), agentes activos del mal, volarán el planeta o erradicarán todas las formas de vida. Si eso último sucede, el mundo solamente persistirá como un estéril recordatorio. En una época en que la ecología se ha vuelto una creciente preocupación global, tal posibilidad resulta una advertencia profética.
“Cada tarde”, otro poema del tomo Pobre mundo, demuestra una vez más la preocupación de la autora por el ambiente:
Cada tarde se cierra
hermosamente muere
y cada uno
¿cada uno?
Admira la hermosura y sabe
¿sabe? (Vilariño, 1997: 199).
En este sucinto texto la poeta entreteje tres pensamientos separados. En los versos iniciales hace una observación aparentemente sencilla sobre un hecho natural cotidiano. Las líneas tercera y quinta añaden una explicación sobre la reacción humana ante ese fenómeno natural. La interposición de las preguntas “¿cada uno?” y “¿sabe?” confieren un aire inquietante al poema. Más importante que el comentario sobre el ciclo natural del transcurrir de los días hacia las noches, es lo que la voz lírica da a entender de la naturaleza humana. Sus interrogantes cuestionan la conciencia que cada uno realmente tiene del paso de un día y si de veras eso le importa. El tema central es el valor de reconocer la importancia de cada día, a pesar de la cualidad efímera del tiempo o de la arbitrariedad con que lo medimos.
Ser conciente del valor de cada día no exime a la humanidad de su responsabilidad por no ejercer un control decisivo en el caso en que deba hacerlo. El poema “Mar” trata precisamente ese punto de vista al exponer sobre el peligro último que entraña la tecnología moderna:
Lo miro con horror
tendrá su estroncio
como la leche que tomó la niña
como el pan que corté para mi hermano
cada vez más estroncio
como el agua de lluvia
como las frutas como
mis limpias ensaladas.
Tendrá su estroncio
sí
no puede no tenerlo
y está ahí hermoso y grave
como hace cuántos siglos
fingiendo que es el mismo
que es purísima sal
que el único peligro
es algún remolino (Vilariño: 1997: 202).
La voz lírica mira las aguas del planeta Tierra con suspicacia y creciente aprehensión. Potenciales peligros naturales como “algún remolino” no son nada comparados con los que puedan resultar de la mala utilización del planeta. El hombre lo ha hecho depositario de sustancias peligrosas que amenazan la vida sobre la Tierra. El estroncio, ese elemento químico de metal color amarillo pálido que se parece al calcio y se usa en experimentos atómicos, está sumergido en los mares. Al contaminarse las aguas, toda la superficie de la Tierra sufre el impacto. La “lluvia” dadora de vida, “la leche” proveedora de alimento, “el pan”, “las frutas”, asumen características amenazantes sobre la existencia.
Los versos hacen más que describir un riesgo. La autora incita a actuar para cambiar la situación. Subraya la responsabilidad que deberían sentir las personas al hacer referencia a gente en particular afectada: “la niña”, “mi hermano”, y ella misma, “mis limpias ensaladas”. Esos referentes pueden generalizarse para implicar a las personas que rodean a los propios lectores.
“La casa el mar la tierra” es otro poema sobre lo familiar que nos circunda:
La casa
el mar
la tierra
y ese sol para siempre.
La casa
el mar
la tierra
y ese sol al fin nova (Vilariño, 1997: 215).
La voz poética hace un inventario de cosas que la rodean y menciona elementos vitales. En primer lugar se refiere al sitio donde mora y en los otros tres versos a recursos primordiales para la vida. La repetición de esos componentes se suma a la semántica del adverbial “para siempre”. Al variar solamente esos últimos términos en la segunda frase poética, la autora crea una sorprendente oposición. Los elementos necesarios al entorno habían parecido falsamente eternos hasta que el sol aparece “al fin nova”. Todo se encuentra al borde de la destrucción.
Otros poemas de Vilariño pasan de considerar la condición humana en general a tratar en forma específica acontecimientos y comportamientos humanos. Los versos de “En la noche de luna” retratan la voz lírica sola, en una playa boscosa durante la noche ocupada en la contemplación del esplendor de la naturaleza:
En medio de esta enorme noche blanca
entre pinares médanos y luna
-hoy llegaron los rusos a la luna-
frente al mar que otra vez acuesta su ola
formidable en la playa abandonada
-hay miedo en Almería dice el diario
no encontraron aún las bombas hache
caídas en su mar por accidente-
en el silencio blanco y estruendoso
de esta soledad plena y una y pura
-ochocientos vietcongs muertos anoche
hambre en la India hambre en el Brasil-
en la melancolía y la belleza
de la noche de luna entre los pinos
con la luna ocupada y el miedo en Almería
y la aldea arrasada y con el hambre (Vilariño, 1997: 218).
Vilariño es capaz de mantener una especie de distancia meditativa entre su voz y la de los versos interpuestos hasta casi el final del texto. Desde la cuarta a la última línea el contenido negativo aparece mezclado con sus pensamientos “en la melancolía y la belleza”. En adelante esos sucesos consumen la voz.
Como la hablante menciona una lograda misión espacial soviética, se puede calcular la fecha del poema hacia fines de octubre de 1968. Mientras ella contempla la luna, sus pensamientos son interrumpidos por noticias que la escritora simula escuchar y separa mediante guiones. En el primer caso, la hazaña humana parece conferir mayor maravilla a esa noche plena de luz y belleza natural. El contenido de esa primera interpolación contrasta profundamente con los sucesos sombríos y horrorosos descritos en los restantes intervalos informativos. Ellos sirven para subrayar lo poco que en verdad ha progresado la humanidad.
El poema “La isla” vuelve a mencionar hechos y circunstancias históricas específicas:
Un círculo de odio y de basura
cerca la isla donde
en vos se muere una vez más el hombre
entero y puro
y solo
y mira y deja y hace que te mueras
mientras cada vez menos va latiendo
la corta dulce vida que se escapa
la tibia vida se bebe el suelo.
Un pobre sucio triste río de odio
te rodea y te deja morir solo.
Pero no
pero tú no te estás solo
tú
los otros él tú
los muertos solos
arropados de amor de pena están
muriéndose en nosotros para siempre (Vilariño, 1997: 219).
Por su propia naturaleza una isla está inevitablemente aislada al estar rodeada de agua. En este caso, sin embargo, el agua es “un pobre sucio triste río de odio”. Son límites humanos los que impiden el acceso de la isla al resto del mundo. Ese sentimiento tan negativo además va acompañado de mentiras, el aislamiento se consigue por medio de “odio” y “basura”. Los versos se refieren a la situación de la isla Cuba durante la última mitad del siglo veinte hasta nuestros días. El tema central del texto es la muerte de toda la gente en la muerte de un ideal. La voz lírica advierte que todos morimos un poco cuando un sueño es destruido.
A lo largo de esta poesía de Idea Vilariño se reitera una búsqueda: que se entiendan las implicancias de pertenecer a la condición humana y una esperanza en la salvación de la especie. En los versos de “A René Zavaleta”, la voz hablante continúa sus meditaciones sobre el futuro del mundo, tanto en términos generales como específicos. (René Zavaleta Mercado escribió La revolución boliviana y la cuestión del poder.) En esta ocasión, la autora opta por plantearlas en forma de interrogantes. La primera estrofa del texto, que contiene en total sesenta y dos líneas, pregunta:
Por qué no volará en cien mil pedazos
esta escoria volante este puñado
de tierra y de dolor
aire y basura
si no habrá nunca paz
si no habrá nunca
una pura jornada de alegría (Vilariño, 1997: 53).
Pero no todo está perdido, ya que dentro de este y otros poemas se percibe un cierto anhelo. Los versos que siguen señalan el camino hacia un mundo en que hay esperanza, si la raza humana está dispuesta a la acción. La voz lírica sugiere que para recuperar el control sobre el propio destino podría ser necesario recurrir a medidas extremas:
Si no habrá nunca paz
si lo obligado
si lo único decente
lo que puede limpiarnos la conciencia
es salir a matar
limpiar el mundo
darlo vuelta
rehacerlo (Vilariño, 1997: 54).
Este y otros textos confirman que el camino obligado y lo único decente por hacer es levantarnos contra las fuerzas que están destruyendo el mundo y, con él, a toda la humanidad.
En el poema “A Guatemala” la autora emplea una estrategia lírica ligeramente diferente para el mismo propósito. El texto representa la afirmación de la voluntad humana y la confirmación del potencial poder que deriva de ella. La voz lírica afirma que todavía es posible construir un futuro nuevo y más equitativo:
Estabas en tu casa
eras una muchacha
moderna joven pura
arreglándote el pelo
eras para nosotros los sudamericanos
vegetantes y muertos
la hermana que se lanza a la vida
la de nuevo destino
y viéndote reír
las otras
las hermanas marchitas y sin sueños
se miraban en ti
cobraban fuerzas
y volvían a muertos ideales.
Pero no podía ser
y todos lo sabían.
Te siguieron de noche
te empujaron a un viejo callejón sin salida
te golpearon la boca
te ataron y encerraron
qué digo
no te ataron
te tienen de sirvienta.
Sí señor sí señor.
Te pagaban bien
es claro.
Y a lavar pisos y a poner la mesa
para que coman otros
y a lustrar los zapatos
y a lustrar los zapatos
como si
nunca hubieras tenido otro destino
como si
no supieron que fuiste una paloma.
Y las pobres hermanas
marchitas y sin sueños
se dicen qué locura eran locuras
eran locuras sí
nuestro destino
es decir sí señor
lavar los platos
sí señor sí señor
poner la mesa
para que coman otros
sí señor sí señor
y lustrar los zapatos
sí señor sí señor
sí señor sí señor
y lustrar los zapatos (Vilariño, 1966: 20-21).
Estos versos se dirigen a la gente de toda una nación utilizando el íntimo “tú”, con lo que colocan al lector en el lugar de un tercero que presencia esos acontecimientos históricos que conmemoran.
Aunque recién fue publicado en el libro Pobre mundo en 1966, de acuerdo a Vilariño “Guatemala” fue compuesto en verdad en 1954. La escritora estaba en Suecia cuando los medios de comunicación informaron del golpe de Estado en ese país de América Central. Aunque Idea no hablaba sueco, pudo intuir, de los titulares de prensa, que se anunciaba el derrocamiento de la democracia. Su reacción inmediata dio vida al poema “A Guatemala”. En verdad, el mundo entero había seguido con expectativas las reformas que se venían haciendo en ese país desde 1951. Pedro Bravo-Elizondo resume algunos hechos clave, comentando que el presidente de Guatemala había introducido reformas sociales y agrarias, expropiando plantaciones y holdings, “incluyendo la United Fruit Co. La influencia comunista en el régimen de Arbenz lleva a forzar las relaciones con Estados Unidos, el Coronel Carlos Castillo Armas derroca a Arbenz en 1954 y devuelve a la tierra expropiada” (Bravo-Elizondo, 1975: 168). El hecho de que Vilariño comience el texto con el verso “estabas en tu casa” indica que percibía las fuerzas que se movían dentro de las fronteras de ese país.
El título “A Guatemala” sirve para colocar los versos dentro de un contexto particular, el de esa república centroamericana. Al referirse a un lugar preciso, el texto obliga al lector a reaccionar y generalizar el “destino” del país con lo que podría pasar en otras naciones del Tercer Mundo. La voz lírica registra que los países vecinos reaccionan con un llamamiento a un futuro distinto y más equitativo. Caracteriza a los países sudamericanos como gastados y carentes de sueños. Sin embargo, habiendo sido testigos de los logros de Guatemala, “volvían a muertos ideales”. Pese a ello, la segunda oración lírica revela que esos países vecinos habían tenido dudas.
Los versos que siguen equiparan inicialmente al derrocamiento con un secuestro, para luego no considerar ese término el apropiado. La voz lírica decide que la situación se parece más a la de la esclavitud. La introducción de versos como “a poner la mesa/ para que coman otros” y su repetición cerca del final alude a las reformas agrarias frustradas.
La oración poética final cambia el enfoque retornando a la reacción de los países vecinos, los que incrédulos niegan que la esperanza alguna vez haya existido, dado que el papel de América Latina siempre ha sido el de un sirviente sumiso. La obsesiva repetición que comienza hacia la mitad del texto y culmina en los versos finales, abarca lo que se espera de Guatemala y de sus naciones hermanas: “sí señor sí señor/ sí señor sí señor/ y lustrar los zapatos”. Como pronunciamiento unificado del pensamiento de Vilariño, “A Guatemala” es un ataque directo a la burguesía y una denuncia de quienes usufructúan las prebendas de ese grupo privilegiado.
El impacto que logra la protesta es mayor al referirse a un país en particular, al que llama por su nombre. Michael Riffaterre reconoce la eficacia de esa estrategia literaria y explica que “citar los nombres sólo añade verosimilitud (…) El significado del nombre de un lugar fluye así enteramente de la sintaxis y el lector no necesita más que el contexto para sentir su poder evocador” (Riffaterre, 1973:232). Tanto este como otros textos de Vilariño se separan consecuentemente de los artificios. Para lograr una transmisión total de los sentimientos excluye explicaciones, exclamaciones y oratoria. Lo que resta es un sentimiento de maravilla al enfrentar lo más vil de la humanidad. Roland Barthes afirma que “una vez que se suprime el mito de la necesidad de la belleza en poesía, el lenguaje se libera. Entonces se reconocen como instrumentos poéticos válidos el poder del idioma popular y la facultad intuitiva -no analítica- del lenguaje hablado” (Barthes, 1975: 28, 29, 31).
La maldad del género humano es el tema central primario de “Playa Girón”. Solamente el título hace referencia textual al lugar:
Siempre habrá alguna bota sobre el sueño
efímero del hombre
una bota de fuerza y sinrazón
pronta a golpear
dispuesta a ensangrentarse.
Cada vez que los hombres se incorporan
cada vez que reclaman lo que es suyo
o que buscan ser hombres solamente
cada vez que la hora de la verdad la hora
de la justicia suenan
la bota pega rompe ensucia aplasta
deshace la esperanza la ilusión
de simple dicha humana para todos
porque tiene otros fines como Dios
como dicen los curas que su dios
tiene otros altos fines misteriosos
otros planes en que entran Hiroshima
España Argelia Hungría y todo el resto
en que entran la injusticia la opresión
el abandono el hambre el frío el miedo
la explotación la muerte
todo el horror todo el dolor del hombre.
Va cambiando de pies según el oro
Según la fuerza y el poder se mudan
Pero siempre habrá alguna
A veces más de una
Pisoteando los sueños de los hombres (Vilariño, 1997: 221).
La frustrada invasión estadounidense de Bahía de los Cochinos señalada en el texto, es un mero pretexto a través del cual la voz lírica generaliza las características horrorosas del desenfreno del poder militar. El símbolo primario de agresión y opresión de estos versos, (“la bota”) forma parte del atuendo de combate.
La voz lírica postula que la falta de humanidad de los hombres nunca cesará. Siempre habrá alguien deseoso de usar “alguna bota” para oprimir a los demás. Motivos distintos como la codicia, “el oro”, y un impulso a defender las creencias religiosas, “otros altos fines misteriosos”, son intrínsecos a la naturaleza humana. Pese a ello, la humanidad no debe jamás abandonar sus esfuerzos por cambiar y lograr la igualdad. Los versos finales indican el camino hacia la esperanza en el futuro, al hablar de la permanencia de “sueños” entre los “hombres”. Así que el poema expresa dos verdades: siempre habrá opresores, y la gente siempre resistirá.
Parte de esta resistencia es denunciar la inevitable violencia humana. En el “Prólogo” a su libro Antología de la Violencia, Vilariño explica que:
Desde que el hombre es hombre, la violencia atraviesa con él toda su historia: la grande y la pequeña (…) Seguramente parece más soportable cuando es una respuesta; una respuesta de la rabia o de la desesperación de los humillados y ofendidos, de los inocentes acorralados, contra la maldad o la crueldad que los más fuertes ejercen (…) Más soportable que cuando fue, es, la obra de un frío cálculo, de un deliberado proyecto, como la que se ejerció y la que se inventa cada día para someter, violar, despojar, convertir al otro en una cosa, en nada (Vilariño, 2004: 7-8).
Entonces, hay que inventar, reinventar cada día nuevos instrumentos para denunciar esa cualidad humana. En el caso de Idea Vilariño, su mejor arma es la palabra.
“A José Varona” recuerda los sueños de un joven soldado que fue violentamente muerto en combate:
Eras portorriqueño y eras
estudiante
moreno
delicado.
Fuiste el primero
creo
que me mostró en el piso de la noche
allá abajo estrellada contra el suelo
Londres como una joya agonizante.
Tenías veinte años
tantas cosas
tu causa
Puerto Rico.
No sé qué me contaste de tu padre
que era alguien
quizá
que objetaba
seguro.
Conociste a Mauricio
me decías
e irías a Vietnam pronto
tal vez.
Al rato
mirándote dormido en tu rincón
tan poco más que un niño
yo te envidié tu vida.
Y fue en Vietnam y fue
poco después.
Los yanquis
tuvieron también algo para ti
no más que unos fragmentos de una bomba
y ahora tú
tus veinte años
tu corazón tu vida
tu amor portorriqueño
--lo dice el diario de hoy—
por allá están tirados
José Varona
muertos (Vilariño, 1988: 61-62).
Si no fuera por la tan personal descripción de este joven, el nombre especificado en el título no nos diría nada. Aun sus particulares sueños sobre el mundo, sueños de un futuro mejor para Puerto Rico, podrían no ser compartidos por muchos lectores que no hayan tenido las mismas vivencias. Sin embargo, los versos están dichos con tanta ternura que uno no puede menos que identificarse con el dolor de la voz lírica. Los recuerdos de lo que esos jóvenes ojos le enseñaron a ver de un lugar en particular o la forma en que dormía y cómo ella envidiaba su juventud son infinitamente más importantes que esos detalles imposibles de recordar de sus conversiones. Vilariño logra crear un personaje con el que los lectores se identifican. El poema constituye un retrato lírico del soldado desconocido universal. Lo que fenece junto con el joven cuerpo de José Varona, es una parte de ese amor a la humanidad y de esa esperanza de un mundo mejor. De ese modo, todos morimos un poco cuando alguien muere.
En el poema “Digo que no murió”, la voz lírica inquiere sobre la noticia de la muerte de otra persona. En el título y a lo largo del texto insiste en que no cree que eso haya sucedido:
Digo que no murió
yo no lo creo
-no lo dejaron ver por el hermano
y lo dieron por muerto tantas veces-
y además
cómo morirse el Che
cuando quedaba
tanta tarea por hacer
cuando tenía
que recorrer la América Latina
hermoso como un rayo
incendiándola
como un rayo de amor
destruyendo y creando
destruyendo y creando como en Cuba.
Qué iba a morirse el Che
qué va a morirse.
Pero esa foto atroz
aquella bota
cómo partía el alma aquella bota
la sucia bota y norteamericana
señalando la herida con desprecio.
no hay que creerlo. Hubo
tantas contradicciones
y lo dieron por muerto tantas veces.
qué iba a morirse el Che.
El nada menos
se iba a dejar cercar en ese valle
iba a salir a un claro
iba a quedarse
a estarse allí
a dejar
que le rompa las piernas la metralla.
Yo no voy a creerlo
aunque lo llore Cuba
aunque haga duelo
toda Latinoamérica.
No hay que creerlo. Un día
un buen día dirán está en Brasil
o se alzará en Colombia o Venezuela
a ayudar
a ayudarnos
y ese día
una ola de amor americano
moverá el continente
alzará el Che de América.
No creo que murió
no puedo creerlo
y no voy a creerlo
aunque lo afirme el mismo Fidel Castro.
Pero amigos
hermanos
no olvidarse
no olvidar nunca el rostro despreciado
el corazón más sucio que esa bota
ni la mano vendida
acordarse del rostro
de la mano
acordarse del nombre
hasta que llegue el día
y cuando llegue
cuando suene la hora
acordarse del nombre y de la cara
de ese teniente Prado (Vilariño, 1988: 63-65).
Aun cuando la voz lírica derrama detalles de historias y rumores publicados sobre el incidente, sus preguntas centrales quedan sin responder. ¿Cómo puede morir alguien que es más grande que la vida? ¿Cómo pueden los periodistas proclamar que el Che se ha ido para siempre?
La mención del nombre del Che intenta conjurar una miríada de asociaciones en los lectores. Pero para quien no conozca los acontecimientos de la historia de América Latina en el siglo XX, los versos comunicarán poco más que la ira y descreimiento de quien los enuncia. El tercer nombre que menciona el poema, ese que la voz lírica exige no olvidar jamás, es Gary Prado Salmón, el capitán del ejército boliviano que capturó al Che. El hecho de que versiones posteriores sobre la captura revelaran que solamente estaba a cargo y no era quien portaba “esa bota” no debilita el apremio con el cual la voz lírica suplica que nadie olvide jamás ese hecho fatal.
La autora insiste en no aceptar la muerte del revolucionario argentino aunque la confirmen fuentes confiables, “aunque lo afirme el mismo Fidel Castro”. Lo que la voz lírica se rehúsa a aceptar es la muerte del ideal que el Che corporizaba. La “bota”, que usa el perpetrador y apoya sobre el cadáver, simboliza agresión y opresión como en otros versos de Vilariño.
Este no es el único poema de la autora que menciona al Che. Es el primero de una serie de nombres textuales de héroes caídos que celebran los versos de “Agradecimiento”. Esa composición extensa, que contiene ciento tres versos, es la más larga jamás publicada por Vilariño. También tiene la singularidad de ser la única en toda su obra lírica que comienza con una nota. Su contenido lleva a la comprensión sobre lo que inspiró esos versos y también les pone fecha: “Esto, que de poema tiene sólo la forma, es un agradecimiento a quienes nos están enviando folletos con las fotos de los cadáveres de los guerrilleros muertos en Bolivia, enmarcadas, eso sí, por textos falaces y torpes que, como siempre, como hacen en Vietnam a cada rato, erran el blanco (1968)” (Vilariño, 1997: 225). La embajada de los Estados Unidos fue la responsable de la difusión de esas imágenes horrorosas. En el poema, la voz lírica agradece las fotos porque antes los caídos “no habían tenido/ sino un rostro/ el del Che”. Los autores de la máquina de propaganda que de acuerdo a la nota del texto distribuyen “textos falaces y torpes” juntos a las fotografías en verdad han servido a la causa que esperaban aplastar, ya que “erran en blanco”.
La voz poética de “Agradecimiento” lamenta no haber tenido la posibilidad de mandar algunas fotografías de los muchos que han perecido bajo distintas circunstancias. Entre las fotos que le gustaría mandar, están las de aquellos “veinte mil muchachos/ también agujerados también rotos/ también quemados/ muertos/ mientras los ocupaban en destruir Vietnam”. También valdría la pena enviar los retratos de “el lindo Kennedy/ y el pobre pastor King/ sin que nunca hayan hecho la guerrilla”. Le gustaría además incluir fotos de otros porque “si nacen negros y en Estados Unidos/ o en países así/ a veces son matados como perros”. Un destino similar le espera a alguien “si por acaso se nació en Vietnam”. Quien enuncia los versos querría recibir más fotografías, ya que “nadie se asusta de un muerte al sol/ cuando se da la vida por un sueño”. Un comentario entre paréntesis nombra al prócer uruguayo “(Artigas -no lo saben- fue un jefe guerrillero)”. Afirma el tema central del poema en estos versos:
Esto se llama libertad o muerte
y para muchos ésa
no es una linda frase y nada más
es Libertad o Muerte
y lo de libertad va contra ustedes
lo de muerte también va contra ustedes (Vilariño, 1997: 228).
Cierra el texto señalando que quienes mandan esa información “ayudan a elegir en todo el mundo./ Gracias por todo. Libertad o muerte”.
La poeta dedica “Por fin” a un país en particular: “A Nicaragua”. Los versos hacen un vívido relato lírico de la reacción emocional que le produjo el triunfo de la revolución nicaragüense:
Di un puñetazo
dos
en la pared.
No pude respirar por un momento.
Dije una palabrota.
Dije otra.
Y al fin enmudecí
Y al fin me quedé inmóvil contra un marco
tratando de vivir
de respirar
y me dije
por fin
dios
sucedió
por fin
hoy
diecinueve
del mes de julio del setenta y nueve (Vilariño, 1997: 229).
Estos versos celebran la victoria de los rebeldes sandinistas que provocaron la renuncia y el exilio del general Anastasio Somoza. La voz lírica reacciona como si estuviera personalmente comprometida. Con este hecho se reafirma en la creencia de que el “sueño” de la humanidad puede hacerse realidad. La repetición de “por fin” subraya que para esta voz hablante las buenas nuevas habían sido largamente esperadas.
La perspectiva de una tercera persona se utiliza en el poema “Con los brazos atados”. La voz lírica informa en lo que parece ser un tono realista:
Con los brazos atados a la espalda
un hombre
un hombre feo y joven
un rostro algo vacío
con los brazos atados a la espalda
lo hundían en el agua de aquel río
--un rato nada más
lo estaban torturando no matándolo—
con los brazos atados a la espalda.
No hablaba y lo pateaban
le pateaban el vientre los testículos
se arrollaba en el suelo
lo pateaban.
Ahora mismo
hoy
lo están pateando (Vilariño, 1997: 230).
Como la hablante utiliza el adjetivo demostrativo para indicar el lugar en que se practica la tortura, en las aguas de “aquel río”, el sitio resulta familiar e identificable. La oración interpuesta entre guiones imagina la justificación de quienes perpetran ese acto atroz. Resulta implícito que esas palabras podrían haber sido pronunciadas por cualquiera que coincida o simplemente tolere ese tipo de interrogatorio a prisioneros. Como en la interpolación los torturadores alegan que no intentaban matar al cautivo, resulta claro que sí perdió la vida. Si bien el texto se refiere a un incidente específico, no se trata de un caso aislado. La utilización del gerundio en los versos finales subraya lo apremiante de una situación crítica que no termina.
“Con los brazos atados” apela a la sensibilidad de los lectores en nombre de todos aquellos que están siendo torturados o apresados en algún lugar. Aunque el pesimismo de Idea Vilariño es bastante obvio, también deja traslucir una persistente esperanza de que el ser humano hará “lo correcto”. Como arguye la voz lírica en “A René Zavaleta”, debemos asumir nuestra responsabilidad: “a levantarnos/ otra vez otra vez/ a hacernos cargo”.
Bibliografía
Barthes, Roland. The Pleasure of the Text, traduc. Richard Miller. New York: Hill and Wang, 1975.
Bravo-Elizondo, Pedro, Teatro hispanoameriano de crítica social. Madrid: Playor, 1975.
Riffaterre, Michael. “Intrepretation and Descriptive Poetry: A Reading of Wordworth’s ‘Yew Trees’, New Literary History, Vol. IV. No. 2. Charlottesville: University of Virginia Press, 1973.
Vilariño, Idea. Antología de la Violencia. Montevideo: Ediciones La Gotera,
2ª edición, 2004.
Poesía (1945-1990). Montevideo: Cal y Canto, 4ª edic., 1997.
Pobre mundo. Montevideo: Banda Oriental, 1966.
Pobre mundo. Montevideo: Arca, 2ª edic., 1988.
Zavaleta Mercado, René. La revolución boliviana y la cuestión del poder. La Paz:Dirección Nacional de Informaciones, 1964.
Notas
* Profesora de Literatura. Pittsburg State University, Correo electrónico: jberry-b@pittstate.edu